El aumento de la esperanza de vida y la creciente incidencia de enfermedades neurodegenerativas han situado el abordaje integral del Parkinson como uno de los grandes desafíos del ámbito sanitario y social. Más allá del tratamiento farmacológico, se abre paso la necesidad de incorporar metodologías que atiendan no solo la dimensión física, sino también la emocional y funcional de las personas que conviven con esta condición.
En este contexto, Irene Ramos Jover, especialista en movimiento consciente y yoga adaptado, impulsa el proyecto “Movimiento Consciente para Parkinson”, una propuesta consolidada que acompaña a personas diagnosticadas en diferentes fases de la enfermedad a recuperar seguridad, autonomía y calidad de vida. Su trabajo se desarrolla tanto en formato online como presencial en Barcelona, incluyendo colaboraciones con centros especializados en neurología y neurorrehabilitación.
El recorrido profesional de Irene Ramos integra una base académica en comunicación con una formación certificada internacionalmente en disciplinas como Kundalini Yoga, Hatha-Vinyasa y otras especializaciones en movimiento consciente. A partir de la práctica directa con personas con Parkinson, se identificaron patrones claros sobre el impacto del trabajo corporal adaptado no solo en la movilidad, sino también en la regulación del sistema nervioso y en la vivencia emocional de la enfermedad. Este proceso permitió estructurar un enfoque propio, alineado con una visión cada vez más respaldada por el ámbito clínico: el movimiento consciente como complemento eficaz dentro del abordaje global de patologías neurológicas.
El método desarrollado se basa en la personalización continua y en la adaptación a la realidad cambiante de cada persona. A través de sesiones individuales y grupos reducidos, así como de programas estructurados de acompañamiento progresivo, se integran herramientas de movimiento, respiración y atención consciente orientadas al autoconocimiento corporal. Este enfoque evita modelos estandarizados y prioriza la escucha activa del estado físico y emocional en cada momento, generando un espacio de práctica seguro, respetuoso y profundamente humano.
Los resultados observados evidencian mejoras significativas en la coordinación, el equilibrio y la gestión de la energía, así como una reducción del estrés y la ansiedad asociados a la enfermedad. Sin embargo, el impacto más relevante se sitúa en el cambio de relación con el propio cuerpo: de una vivencia centrada en la limitación a una experiencia basada en la adaptación, la presencia y la posibilidad. Este cambio interno favorece una mayor implicación en el autocuidado y una percepción renovada de autonomía.
“El cuerpo cambia, sí, pero sigue siendo un lugar al que se puede volver, escuchar y desde el que se puede seguir construyendo vida.”
El proyecto continúa su desarrollo con nuevas líneas de actuación, entre ellas la creación de programas específicos para Parkinson de inicio temprano y la futura formación de profesionales interesados en especializarse en este ámbito. Asimismo, se plantea la necesidad de avanzar hacia un mayor reconocimiento institucional de este tipo de acompañamientos, con el objetivo de facilitar su integración en los sistemas de salud y ampliar su acceso a un mayor número de personas.
